Conversamos sobre cómo la realidad económica de los jóvenes hoy exige un ajuste profundo de expectativas. Mientras generaciones anteriores accedieron con relativa facilidad a empleos estables, viviendas asequibles y oportunidades de progreso, los menores de 30 enfrentan un panorama muy diferente, marcado por altos costos, estancamiento salarial y menor movilidad social. Hoy, los jóvenes luchan por insertarse en un mercado laboral saturado, acceder a una vivienda o formar una familia sin endeudarse, lo que ha derivado en fenómenos como el nihilismo financiero y una creciente desconexión con el sistema. Para abordar este desbalance, se requiere un replanteamiento de políticas públicas, especialmente en torno a la vivienda, el cuidado infantil y el envejecimiento poblacional, así como una nueva narrativa generacional que reconozca que el éxito económico ya no tiene una sola forma ni un solo camino.

