Nuestra #ActitudCaminoAlSol para este marte, la enfocamos en la intención que nos dice: “Cada historia, leída o interpretada, tiene el poder de tocarte y despertarte». Las historias nos acompañan desde que tenemos memoria. Desde los cuentos que nos arrullaron en la infancia, hasta las anécdotas que compartimos en una sobremesa con amigos, vivimos rodeados de relatos. Pero más allá del entretenimiento, las historias —ya sean leídas, vistas o escuchadas— tienen un papel profundo: nos tocan, nos despiertan y, muchas veces, nos ayudan a comprender mejor quiénes somos y cómo habitamos el mundo.
Aunque solemos pensar en los libros o en el teatro como espacios privilegiados para las grandes narrativas, lo cierto es que las historias están en todas partes. Cada conversación, cada experiencia, cada encuentro lleva consigo un relato que tiene el potencial de inspirarnos o movernos por dentro. A menudo pasamos por alto el poder que tiene lo ordinario. Las rutinas, las tareas diarias, incluso los pequeños encuentros pueden estar cargados de significado si estamos atentos. La vida cotidiana es, en sí misma, una fuente inagotable de historias. Desde la señora que vende café en la esquina y conoce a cada cliente por su nombre, hasta el niño que aprende a leer por primera vez, cada día tiene su narrativa única.

